Detuvieron a presuntos asesinos en el Coloso del Parque

Dos jóvenes sospechosos de crímenes ocurridos el año pasado fueron arrestados al pretender ingresar al amistoso entre Newell’s y Vélez.

Por Claudio Berón/La Capital

Tres hinchas de fútbol quedaron detenidos el sábado por la tarde cuando pretendían asistir al partido amistoso entre Newell’s Old Boys y Vélez Sarsfield. La policía llevaba a cabo allí el operativo denominado Tribuna Segura y al ser revisados los documentos de identidad de los hinchas, el sistema de control arrojó que contaban con pedidos de captura activos. Los detenidos fueron identificados como Martín A., de 18 años y buscado por un homicidio ocurrido en julio pasado; Miguel R., de 28 y sospechado de un doble crimen perpetrado en Villa Gobernador Gálvez el 27 de octubre. El tercero, Nicolás E., de 21, era buscado por la Policía de Seguridad Aeroportuaria(PSA) en una causa por tráfico de estupefacientes.

El operativo Tribuna Segura implica que quienes asisten a encuentros deportivos tienen que exhibir para ingresar su entrada y el DNI. Entonces la policía escanea con celulares los documentos en los accesos al estadio o bien en las inmediaciones para observar que no tengan una restricción para entrar al estadio o, como estos casos, cuentas pendientes en procesos judiciales.

El control se realiza por medio de teléfonos móviles que incorporan un sistema conectado a las bases de datos del Registro Nacional de las Personas (Renaper), del Sistema Integrado de Seguridad en los Estadios de Fútbol (Sisef) y del Sistema Federal de Comunicaciones Policiales (Sifcop).

Martín A. era buscado por el homicidio de Matías Aguirre, un adolescente de 16 años asesinado el 26 de Julio de 2018 en Piamonte y Ovidio Lagos. El chico, que residía en barrio Las Flores, recibió un balazo calibre 9 milímetros por la espalda mientras se trasladaba en una moto con otros dos amigos y cayó muerto frente a una casa de Piamonte al 2300. Los acompañantes también resultaron heridos. Mirko, de su misma edad, con un tiro en el brazo, y Daniel, de 17 años, sufrió varios culatazos en la cabeza. A cien metros de donde quedó el cuerpo de Aguirre la policía secuestró tres vainas 9 milímetros.

Por este crimen el pasado 25 de agosto fueron detenidos Ezequiel A. de 19 años; Agustín R., de 19; Melina T., de 20 y Gustavo T., de 21. En poder de estos sospechosos se secuestraron varios objetos, entre ellos una pistola calibre 9 milímetros que no se descartaba que fuera el arma homicida. La pesquisa determinó que los cuatro operarían entre Tío Rolo y Puente Gallegos, zona en la que el año pasado se contabilizaron seis homicidios en un radio de un kilómetro.

Por su parte Miguel R. está sospechado de haber participado en dos asesinatos ocurridos el 26 de octubre en Edison al 400 de Villa Gobernador Gálvez donde vivía Rodolfo Benítez, de 40 años. Ese día pasó por el lugar un hombre a bordo de una moto Suzuki, se detuvo y baleó a Benítez y a Leonardo Leiva, de la misma edad, con quien estaba tomando mates en la puerta de la casa.

La investigación de este doble crimen cayó en manos del fiscal de Homicidios Adrián Spelta, quien luego de entablar contacto con testigos y vecinos del barrio determinó pedir la captura de Miguel R. como el principal sospechoso.

Esa tarde Leiva había ido a visitar a Benítez, quien vivía allí desde hace unos años, para charlar sobre unas changas y otras cosas para hacer. Vivían a tres cuadras y se conocían desde hacía tiempo. Benítez tenía dos hijos y además de hacer trabajos de flete, «criaba algún chancho, gallinas y hacía lo que pintara», contó un amigo. Al parecer su carácter «impulsivo», según contó otro amigo a LaCapital, lo llevó a tener antecedentes menores por una causa que, tal vez, haya tenido que ver con los balazos que lo mataron.

Sobre Leiva se supo que se había separado hace un tiempo y vivía con su padre, «un hombre muy mayor», en una casa del mismo barrio donde era visitado por sus hijos. No tenía antecedentes penales de ningún tipo.

De la moto bajó «un chico joven, de no más de 20 años, que sacó una pistola y le vació el cargador completo», contó un vecino en alusión a los diez o doce tiros que escuchó. Leiva quedó tendido en el piso con un tiro en la cabeza. Benítez, con balazos en el pecho y el abdomen.

«Un muchacho salió de una casa y los subió a una chata que pasaba por acá o que llamaron, no sé. De Benítez se notaba que estaba vivo, se movía; pero el otro muchacho ni se movía, dicen que tenía un tiro en la cabeza», relató por esos días un testigo del doble homicidio.

(La Capital)


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