La Argentina, entre emergencias y la expectativa de un pacto social

¿Qué Argentina amanece en el 2020? Tras una década perdida, ¿asomará la posibilidad de una década ganada? En el haber, el país cuenta con 37 años ininterrumpidos de democracia. Aire libre con grandes nubarrones de inequidades. Viejos silencios llenos de vocinglerías. Calles tumultuosas, a veces con límites difusos, muchas veces. En su debe, luce una columna muy engrosada de emergencias. La más grande y grave es la del hambre. Esta semana la Argentina productora de alimentos para el consumo de millones y millones de personas del mundo sancionará una ley de emergencia alimentaria, tratada la semana pasada en Diputados, porque no abastece con dignidad a 15 millones de argentinos.

En esta emergencia por hambre, Argentina superó su crecimiento vegetativo. Cuando el presidente Raúl Alfonsín creó la caja PAN, y su ministro Aldo Neri asistía con esta a 500 mil personas. Hilda «Chiche» Duhalde, con el asentimiento de su marido, el presidente Eduardo Duhalde, abasteció con lo que por entonces se denominó «Plan Jefes y Jefas de Hogar» a 1.200.000 personas. La «Asignación Universal por Hijo» de la presidenta Cristina Kirchner se destinó a 7.900.000 compatriotas. La ministra Carolina Stanley asiste a 10 millones personas.

En cuanto a la pobreza, su emergencia fue creciendo, y seguramente terminará el gobierno del presidente Mauricio Macri con un índice que se ubique entre el 38/39%. Ddado que los datos que conoceremos del Indec próximamente, son al 30 de junio tanto en pobreza como en desocupación. Es decir, la realidad de la posdevaluación no está medida. Lo notorio es que en estos 37 años de democracia los distintos gobiernos no han podido perforar el piso del 25% de pobreza. Ante esto, la expresión contundente del obispo de Salta, monseñor Mario Cargnello, cobra cuerpo: la advertencia a quienes construyen política es que la pobreza no es un número, sino que tiene rostro humano.

En cuanto a la emergencia laboral, Macri dejará su gobierno consolidando los dos dígitos. En este período el proceso fue más de precarización que de desocupación. Me decía un ex ministro de Trabajo: «Los despidos del empleo formal pasaron al informal. La desocupación creció básicamente por la nula incorporación de trabajadores al trabajo formal, o sea, puesto que quedaba vacante cualquiera fuera la razón, no se cubrió». Y aquí el dato más revelador: «Tenemos la tasa de incorporación a lo formal, más baja de los últimos 18 años».

Dado que lo productivo es la contracara de la desocupación, los índices reconocidos por el sector fabril no dejan de ser alarmantes: hay una capacidad ociosa del 45/50% según el sector. En medio de esta situación en Tucumán, el candidato Alberto Fernández reunió al titular de la UIA Miguel Acevedo y al cosecretario de la CGT Héctor Daer como puntapié inicial de lo que se conocería como una de las principales medidas de su futuro gobierno: la constitución de una mesa de consenso y diálogo que vaya más allá de la inflación y precios. Un importante empresario del interior del país con envergadura nacional me decía: «Es fundamental que el próximo gobierno escuche a los empresarios, a las fuerzas del trabajo, a los profesionales para intentar despegar del inmovilismo productivo». Casi al mismo tiempo, desde Santa Fe el presidente Macri instaba a los empresarios a «poner el hombro» y les anoticiaba que debían pagar $5.000 en concepto de bono a cada trabajador, en medio de una brutal recesión y de tasas de interés al 100%. Hoy esta iniciativa tiende a diluirse y viraría a una suma fija, pero aún hay gran confusión al respecto.

Siguiendo con las emergencias, toca el turno de la seguridad. Dentro de ella, quizás lo más grave sea el combate al narcotráfico. Y por otro lado, dentro del tema salud, atender a la clientela cautiva convertidos en adictos. Siendo más claros, Argentina no tiene una política contundente para combatir al narcotráfico. Hoy sólo hay parches.

La salud también atraviesa una emergencia. La semana pasada, en Rosario, hubo un encuentro de los referentes del sector privado de la salud que dice representar al 65/70% de la población, donde se analizó su estado. Uno de los organizadores, el Dr Roberto Villavicencio, compartió algunas de las conclusiones: «Desde el 2011 la cobertura médica aumentó un 840%, los sueldos del sector un 900%, el costo de vida 1025%, el dólar 1250% y el costo en salud 1300%: la cuota de una prepaga que empate el costo de vida al 2018, tendría que aumentar un 52%. Esto sin considerar los índices más devaluación del 2019″. Al respecto, el Dr. Villavicencio se animó a incorporar una propuesta para la «salud» del sector: «El Gobierno podría echar mano sin más mora, a partidas especiales provenientes de sectores como Vaca Muerta, Litio o la minería abierta, para dar así respuesta acordes a las necesidades a los adultos mayores».

En cuanto a la emergencia educativa, la educación pública dadora de un valor agregado por su calidad a los educandos, perdió su masividad y contundencia, dejando espacio a las peores desigualdades, la intelectual. La peor foto es la de escuelas convertidas en dadoras de copa de leche o populosos comedores a lo largo y ancho de nuestra geografía. Dejando de lado la sopa de letra de los pizarrones por la sopa de fideitos con escasas proteínas.

La Argentina sufre de la emergencia de los desencuentros. Tiene en su piel las marcas de países atravesados por guerras. Aquí, los odios son entre los nativos. En sus orígenes de Nación, poco hubo de diferencia entre negros y blancos. Sus hacedores especialmente Manuel Belgrano, lo desestimó de entrada. En el siglo XX, en la década del 45-55, quedó atrás la Argentina de explotadores y explotados, tras las políticas posibilitadoras de una amplia clase media. Para llegar al siglo XXI con la división entre pobres y ricos. Argentina atraviesa la peor de las emergencias: la de la falta de ideas, impulsora del germen de los proyectos. Está carente de planificación de quienes proyecten y planifiquen la reconstrucción de una Argentina que necesita ser zurcida en sus pedazos.

Por ahora bajando de lo ideal a la realidad, existen principalmente dos candidatos que intentarán definir en octubre la presidencia. El candidato presidente Macri busca la manera de conseguir hacer campaña con los propios, aún no lo ha logrado. Especialmente con María Eugenia Vidal con quien aún no ha consensuado agenda. Todo indicaría que más allá de los esfuerzos del ministro Lacunza, el FMI no desembolsará los USD 5400 millones, antes de saber quién es el próximo presidente. Y el presupuesto 2020 presentado a Diputado será tratado también después del 27 de octubre. Por su parte, Alberto Fernández volvió de Córdoba con la certeza de obtener los votos de Schiaretti, sin Schiaretti; y listo para hoy, presentar junto al candidato a jefe de gobierno porteño Matías Lammens, lo que sería su política de desarrollo tecnológico y científico. Prácticamente en un 90% Juan Pablo Biondi me confirmaba la presencia esta semana, de Alberto Fernández en Bolivia y Perú. México aún no está definido.

Fernández irá de aquí al 27 de octubre mostrando sector por sector, las políticas que implementará de ser electo Presidente.

Hasta ahora de la danza de nombres que se mencionan, lo único que aparece como certero es que Santiago Cafiero será el coordinador del futuro consenso o pacto social.

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María Herminia Grande

Periodista. Analista política