Una resolución endeble de un “juez enemigo”

Claudio Bonadio, juez federal, procesó con prisión preventiva a Cristina Kirchner, por considerarla jefa de una asociación ilícita, responsable de comandar una estructura desde el Estado para la recaudación de fondos ilegales. Además, la embargó por 4.000 millones de pesos (100 millones de dólares). Bonadio, un juez que ha perdido la imparcialidad y la independencia.

La expresión “juez enemigo” ha sido acuñada por el jurista italiano Luigi Ferrajoli para referirse al magistrado que no actúa de modo imparcial. En un Estado de derecho no puede castigarse a un ciudadano sólo porque ello responda al interés o a la voluntad de un grupo. Ningún grupo y ningún consenso político –del parlamento, la prensa, los partidos o la opinión pública- puede suplantar la falta de prueba de una hipótesis acusatoria.

La causa no debe degenerar en un proceso ofensivo, donde “el juez se hace enemigo del reo”. La ex presidenta, Cristina Fernández ha recusado al juez Claudio Bonadío en esta causa con motivo de la misteriosa aparición-desaparición de los cuadernos del ex suboficial Oscar Centeno, caracterizando su desempeño como propio de un “juez enemigo” ya que existen hechos relevantes que pueden dar sustento a esta recusación.

En el proceso, para garantizar la imparcialidad del juez, es preciso que no tenga un interés privado o institucional acusatorio como ocurría, por ejemplo, en el procedimiento inquisitivo cuando adoptaba la función que corresponde a la acusación.

La causa, dice Ferrajoli, no debe degenerar en un proceso ofensivo, donde “el juez se hace enemigo del reo”. En el antiguo procedimiento inquisitivo el juez se convertía en un buscador exclusivo de la verdad, utilizando criterios discrecionales. De este modo la actividad del instructor podía ser amplia y secreta, tratando de eludir el control de los abogados defensores porque se consideraba que eran un obstáculo para la buena marcha del juicio.

En el modelo acusatorio, por oposición al método inquisitivo, se invierte la idea de que el fin de la verdad justifica cualquier medio, y se exige que solo se utilicen los medios aceptados por la ley para la obtención del fin.

Una de las garantías para salvar el riesgo de la parcialidad del juez, es la exigencia de que el magistrado interviniente sea el “juez natural”, es decir el preestablecido en el sistema legal según la distribución de competencias. Esto significa que el juez no puede ser elegido para que atienda una causa en particular (fórum shoping).

¿Quién es Claudio Bonadio?

Sin embargo, vale la pena realizar algunas aclaraciones. Para empezar el perfil de Claudio Bonadio, una persona que carece de antecedentes académicos para ocupar el cargo que hoy detenta. Tiene 18 causas en su contra, 13 en el Consejo de la Magistratura y 5 en la justicia Penal por enriquecimiento ilícito, violación de los deberes de funcionario público, entre otras.

Llegó a su cargo designado por el gobierno menemista, del que era funcionario (subsecretario del ministro Carlos Corach en la Secretaría Legal y Técnica), sin un concurso que lo avalara. Según la periodista especializada en judiciales, Irina Hauser, fue parte de los jueces de la famosa “servilleta”.

Bonadío lleva adelante, junto al fiscal Carlos Stornelli, una investigación que ha llamado la atención por la carencia de contenido jurídico de sus fallos, la desnaturalización de la utilización de la figura del “arrepentido” y la direccionalidad de las acusaciones, que incluye un “blindaje” que hasta ahora rodea al presidente Macri, su círculo íntimo y sus responsabilidades empresarias y políticas.

¿Qué características tiene la causa?

Analizando la causa en su profundidad, podemos observar que se encuentra viciada en su origen en cuanto a la competencia de Bonadío, lo cual generó que la defensa del ex Secretario General de la Presidencia, Dr. Oscar Parrilli cuestionara la “manera extraña” en la que la causa quedó radicada en el Juzgado Criminal y Correccional Federal N° 11 dentro del expediente que investiga presunta irregularidades en la importación de gas natural licuado evitando así, según consideraron, el sorteo de la Cámara Federal.

Es decir, pareciera que no fue un error o una equivocación, sino fruto de una maniobra oculta e ilegal para radicar esta causa en el Juzgado número 11 del fuero, quizás con el propósito de que aquí sustanciarían imputaciones contra funcionarios del anterior gobierno. 

Continuando con el análisis debemos destacar que los cuadernos originales no están en poder de la Justicia, por lo cual es imposible determinar quién los redacto y en el momento en el cual se suscribió el material que obra en su interior.

Se detuvo a una decena de sujetos supuestamente indicados minuciosamente en las fotocopias de los cuadernos que sería la prueba de los cohechos (activo y pasivo), pero una vez detenido el presunto autor de ellos (Centeno, ex chofer de Roberto Baratta), se le extrae una confesión forzosa y deliberadamente viciada por autoincriminación prohibida por el artículo 18 de la Constitución Nacional, para justamente dar con la prueba (cuadernos) de los que no se contaban y que según el mismo Centeno fueron quemados en la parrilla de su casa (esto lo señala al ampliar su declaración, ya que en un primer momento afirmó tener en su poder los mismos, con lo cual estaríamos ante una contradicción grave).

Y luego, para poder fundar el procesamiento, se tergiverso la figura del arrepentido a los fines de poder obtener material que le permita sostener dicha orden, que a todas luces carece de contenido jurídico y que tal como señaló Carlos Beraldi, uno de los abogados de Cristina Kirchner, se apoya en pruebas que no son válidas, declaraciones de arrepentidos, sumado a la falta de competencia del juez interviniente.

Para terminar, hay que remarcar que la resolución del Juez Bonadío parece más un conjunto de ideas y apreciaciones políticas, sin elementos probatorios que, a una resolución judicial ajustada a Derecho, a tal punto que se apoya en testigos de oídas que dicen haber escuchado tal o cual cosa, sin poder determinar fehacientemente la existencia o no del accionar que se le imputa a la ex Presidenta.

Es síntesis, Bonadio es un claro ejemplo de un juez enemigo al servicio de las corporaciones mediáticas y económicas que ven a Cristina Kirchner, como una amenaza a sus intereses y aspiraciones políticas y de poder. Este tipo de actitudes y procedimientos deterioran el sistema judicial y democrático ya que ponen en peligro los derechos de todos y todas ante cualquier caso.

(*) Integrante del Frente Profesional del Partido Progreso Social

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Alejandro Caniglia

Periodista