Estados Unidos pretende destruir el nexo entre gobernantes y narcos en Afganistán

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El comando de las fuerzas militares norteamericanas, con asiento en Afganistán habrían transmitido a los funcionarios con asiento en el país del norte, que es muy poco probable que la gestión de la OTAN hasta el 2014, logre destruir el nexo entre los narcotraficantes y los gobernantes conducidos por el presidente Hamíd Karzai.

En razón de la disminución progresiva de la ayuda occidental, el cultivo de opio se irá transformando en el nodo central para la economía de Afganistán, según las apreciaciones elaboradas por Jean Luc Lemahieu, director de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito en ese país.

La producción de amapola había disminuido en el suelo afgano mientras la ocupación norteamericana alcanzó su cenit, pero desde el 2009 las hectáreas de amapola cultivadas aumentaron y el precio del opio del productor se incrementó en un 50 por ciento respecto de mayo pasado, llegando a superar los 300 dólares por kilo.

El pueblo afgano sabe que a la amapola puede comercializarla todo el año, como al oro y siempre recibiendo dinero en efectivo.

Zarar Ahmad Muquel Osmani, el zar afgano de la lucha contra las drogas sabe que sólo la voluntad política podrá solucionar la problemática de la comercialización de opio en su país. Y los militares norteamericanos que actúan sobre el territorio, muy a menudo ven estropeadas sus operaciones antinarcóticas por las “fugas de información”, ya que tienen claro que hay políticos y fuerzas de seguridad que “participan del negocio”.

Si uno hace un poco de historia, advertirá que en el 2001, luego de la invasión a Afganistán, más de la mitad de las hectáreas actuales estaban bajo cultivo de amapola.

Tras asentarse en el territorio “of the record” los afganos admiten que los estadounidenses se aliaron a los capos del narcotráfico apoyados en su impunidad. Es así que en el 2007 los terrenos cultivados alcanzaron a 193.000 hectáreas y fue tan grande el escándalo político que el embajador William Wood tuvo que iniciar una campaña para forzar la fumigación de territorios ganado por el opio.

Los gobernadores afganos fueron convocados por el Departamento de Estado para que utilizaran fuerzas afganas para un proceso de erradicación y para ello tuvieron que “acercar” dinero a esos funcionarios.

El mismo Departamento norteamericano proporcionó a oficiales afganos tecnología para realizar scaneos oculares, de huellas digitales e imágenes faciales de detenidos en la cárcel de Sarposa, -ubicada en la ciudad de Kandahar, al sur de Afganistán- con copia a la Organización del Tratado de Atlántico Norte.

De esta manera, uno de cada seis hombres, en edad de combatir, de entre 15 y 64 años fue identificado con el sistema aludido.

Lo irónico en Afganistán sobre este tema, es que allí no existen legajos de certificados de nacimiento, licencias de conducir o identificaciones que puedan ser utilizadas en el seguro social.

No son pocos los afganos que piensan que el uso del sistema pueda ser usado como mecanismo de represalia étnico, tribal o político, o quizás para hacer un censo de adversarios de cualquier grupo particular.

Este mecanismo de identificación fue utilizado también en Irak, donde los identificados habrían alcanzado a más de dos millones de ciudadanos, esto es uno de cada catorce o lo que es lo mismo uno de cada cuatro en capacidad de combatir.

La información que se suministra con el mecanismo apuntado es irrefutable y por ello el comandante de las fuerzas militares en Afganistán impulsó el control biométrico.

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Ricardo Licenciado en Periodismo. Posgrado en Comunicación Política. rimar9900@hotmail.com