La muerte de Boris Nemtsov: Una más en la cadena rusa de crímenes políticos

Antes de esfumarse como fantasmas, presuntos agentes secretos o policías rusos gatillaron cuatro veces sus Makarov, las armas que usan habitualmente para terminar con la vida de los enemigos del Estado, como era considerado Boris Nemtsov por el Kremlin.

Las agencias internacionales de noticias y los capitostes de los servicios de inteligencia de Europa seguramente relacionaron el homicidio político con el de la periodista Anna Politkovskaya, también abatida, -un sábado en horas de la tarde con una Makarov, en el interior de un ascensor-, en el 2006, donde fue hallada.

Memtsov y Politkovskaya tenían algo en común: ponían luz a los abusos del presidente ruso Vládimir Vladimirovich Putín.

Dmitri Peskov, vocero de Putin alejó a su “jefe” del homicidio de Memtsov señalando que el muerto “no era un político popular, sino apenas un poco más que un ciudadano promedio”.[1]

Con la muerte de Politkovskaya la población civil de Chechenia pierde su única defensa ante los acuerdos entre el Estado ruso y las autoridades chechenias.

El final de Litvinenko

Alexander Litvinenko dejó de existir un mes después que la periodista. El ex agente de la KGB fue envenenado en su exilio londinense con polonio 210, una sustancia radioactiva, luego de que se conociera la relación entre el Comité para la Seguridad del Estado (KGB) y servicios secretos privados.

Litvinenko había recibido órdenes de Putin y con el tiempo se había convertido en un crítico del poder ruso, mientras estaba asignado, a finales de la década del 90, a la protección del oligarca Boris Berezovsky, un empresario de medios, multimillonario, opositor a Putin.

Como consecuencia de esa confusa situación, en Rusia se vieron forzados a investigar la integración de altos funcionarios de la KGB y del MVA, otro organismo de Seguridad.

Berezovsky terminó sus días de vida ahorcado en un año de su casa en Berkshire, en 2013, luego que –presuntamente- tuviera algo que ver con un ataque a Vládimir Gusinsky – ex jefe de seguridad de Putin-, el 2 de diciembre de 1994, a manos de un grupo de enmascarados cuando se trasladaba en su auto a sus oficinas. El asesinado era dueño de la NTV, la emisora independiente más popular y el ataque produjo violencia a gran escala, debido a que la víctima, al advertir la maniobra de ataque a sus custodios contactó a la KGB que de inmediato acudió en su ayuda, generándose un tiroteo de proporciones.

Al notar uno de los agentes de la KGB que se estaba tiroteando con personal del servicio secreto presidencial, junto a sus compañeros, se dio a la fuga.

Era evidente que la inteligencia rusa estaba fuera de control.

En estos días, con el homicidio de Memtsov, una vez más comenzaron a surgir de la nada innumerables hipótesis en las que reina la impunidad para mantener espacios de poder en el marco de una justicia rodeada e incluso infiltrada por servicios de inteligencia dispuestos a eliminar a todo aquel que los moleste.

Liberan a diputado ucraniano detenido

Alexéi Navalni había sido apresado por repartir propaganda política opositora en el Metro, en la que se hacía un llamado a participar en una manifestación contra la crisis económica.

Abogados de Navalni lograron que se suspendiera por un día la prisión para asistir a una marcha fúnebre hasta el lugar del asesinato en homenaje a Memtsov, abatido a pocos metros de la Plaza Roja.

Hasta el momento de escribir esta columna no fue detenido ningún responsable de la muerte de Memtsov ni se hallaron pistas fiables de los sicarios, motivo por el cual se ofrecieron 44.000 euros de recompensa a quien aporte datos que permitan dilucidar el crimen por la espalda, según muestra una grabación fílmica que mostraba a la víctima acompañada de la modelo ucraniana Anna Durítsjkaya.

La cámara muestra como el asesino escapa en un auto aún no hallado.

[1] Diario La Nación . 02/03/2015.

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Ricardo Marconi

Licenciado en Periodismo. Posgrado en Comunicación Política. rimar9900@hotmail.com