Bolsonaro, ¿un cisne negro con manchas blancas?

En política internacional hay momentos ideales para todo y el presente tiene nombre y apellido: Jair Bolsonaro al que los analistas de área que nos ocupa consideran a su asunción presidencial como “el cisne negro”.

Para que quede claro a los menos avisados los «cisnes negros» no son otra cosa que sucesos que tienen poca probabilidad de que se produzcan pero que sí poseen muy alto impacto social y político en el orbe.

Tal es así que hasta los políticos con menos posibilidades electorales los utilizan en su lenguaje para dar la sensación que “se las saben todas”.

Los “cisnes negros”, en teoría, conocerían el momento justo para producir el cambio de tendencias que producirían como resultante modificaciones estructurales en la estrategia de un país.

El “cisne negro” admite la información negativa, asume la realidad más rápidamente que un misil y hace lo indecible para modificar situaciones nocivas como lo son la individualidad excesiva en el uso del poder, la burocracia diplomática innecesaria y la relación internacional sin proyección global.

Otra de las cuestiones que el cisne negro Bolsonaro tiene en cuenta, -en nuestro humilde entender-, ya que le ha permitido recolectar de los brasileros sus votos, es el incremento del sistema de seguridad que le permita reducir ostensiblemente los 64.000 homicidios (como si hubiera habido una guerra) que se han producido en Brasil. Ello le permitiría sumar la necesaria autoridad moral para combatir la corrupción imperante en el Lava Jato.

Si Bolsonaro quiere reconfigurar el posicionamiento de su país a nivel internacional deberá acercarse a Beijing, Moscú, Bonn y Washington. Un vuelo bajo por Chile y Argentina no está mal, pero hay que dejar claro que sólo tiene un valor comercial. El compromiso profundo seguramente lo admitirá con las potencias para reconfigurar profundamente al Brasil.

Con el Mercosur Bolsonaro seguramente pretenderá mantener el ámbito regional ya que la estabilización permanente del vínculo bilateral es muy difícil de lograr entre un país de 45 millones de habitantes y otro de 247 millones.

Algunos economistas entienden que el objetivo será el de “ordenar los patrones económicos-políticos” ya que es más que evidente la simetría actual en lo que concierne a la polarización existente en los dos países latinoamericanos.

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Ricardo Marconi

Licenciado en Periodismo. Posgrado en Comunicación Política. rimar9900@hotmail.com