«Yo justifiqué el fusilamiento de Valle»

“Cuando uno describe un momento determinado no bastan los documentos. El clima que se vive y el estado colectivo es algo que en general se diluye y no quedan nada más que los testimonios materiales que no siempre pueden recomponer el clima”.

Ortega y Gasset

“La gente no se anima a decir ciertas cosas respecto de la revolución del 55 y el levantamiento de Juan José Valle en el 56. Hay que entender lo que sucedía inmediatamente antes del proceso revolucionario en Buenos Aires y en Rosario con ese general y su segundo: Raúl Tanco. Había muchos canales de comunicación obturados”, inició nuestro diálogo, en su habitual tono de profesor universitario René Balestra, enfundado en su traje gris liso, -con corbata al tono y su camisa blanca, tan blanca que parecía almidonada-, en su despacho de la presidencia de una fundación rosarina.

Se recostó aún más en su sillón, reclinó su cabeza entrecana hacia atrás y disparó: “La revolución y el clima del 55 era un poco la revancha y cuando se habla de la asonada de Valle y Tanco, se pretende embellecerlo queriendo unir esa acción militar al restablecimiento de la República conculcada”.

Modifica su postura, al parecer incómoda en el asiento, cruza las piernas, – se notan sus zapatos negros lustrados hasta la obsesión- toma una copa de agua, la deposita luego sobre un taburete y prosigue: “El levantamiento contra un hombre como Perón, de enorme popularidad había que entenderlo viendo lo que sucedía en cuba con Castro o en países africanos con Idi Amín Dadá. Algo parecido sucedió en el país”.

Me miró a los ojos, levantó luego la vista hacia el techo blanco como si buscara una mosca patas para arriba, peleando contra la ley de gravedad y continuó con sus recuerdos: “el que era peronista sintió el levantamiento como una rehabilitación y el antiperonista como un mecanismo subversivo de alguien que quería volver las cosas a su situación original”.

De pronto se abre la puerta del despacho y la secretaria utiliza la frase clásica y previamente acordada para los casos en que hay que forzar la despedida del visitante: “doctor -dijo mientras acomodaba sus lentes- la gente lo espera para la reunión”.

Balestra asiente y acota el consabido “gracias”, tras lo cual, manteniendo su habitual expresión doctoral agrega:“Mucha gente no consideró adecuado el fusilamiento de Valle. Se tomó en ese tiempo como una especie de magnicidio”.

La memoria de Balestra no alcanzó a Tanco, aunque admitió que Rosario era “una ciudad adecuada para que permaneciera oculto, ya que era un baluarte del peronismo, sobre todo en las zonas de los barrios obreros”.

“La policía que conducía José María Kurtzemann, por esos días, era estructuralmente peronista y actuaba en consuno con los Comandos Civiles, de los que nunca participé”.

Por unos mini segundos quedé mudo ante la última de sus afirmaciones, formuladas sin que se le preguntara sobre el tema y de inmediato vinieron a mi memoria las palabras de un historiador que afirmó en el restaurante de Entre Ríos y Urquiza, junto a sus pares, y “off the record” que “sí había actuado con ellos”.

Era la palabra de un historiador –familiar de un presidente rosarino que ocupó la primera magistratura por sólo tres días- contra la de Balestra.

Nuevamente el golpeteo de la puerta del despacho y la aparición de la cara casi descompuesta y preocupada de la secretaria. “No se ponga nerviosa… ya estamos terminando”, concluyó Balestra.

“En mis momentos de pasión yo justifiqué el fusilamiento de Valle porque nosotros, los antiperonistas, no teníamos simpatía con la estructura militar en sí misma. La gente confunde la estructura militar necesaria con el militarismo que es una deformación”, concluyó Balestra mientras se levantaba de su cómodo sillón y me acompañaba a la puerta.

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Ricardo Marconi

Licenciado en Periodismo. Posgrado en Comunicación Política. rimar9900@hotmail.com

Un comentario sobre “«Yo justifiqué el fusilamiento de Valle»

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    el 16 junio, 2012 a las 12:38
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    Las personalidades de doble faz son peligrosas… mas que el mas acérrimo enemigo.A éste lo enfrentamos como a otro valiente con pensamiento opuesto. Lo que de alguna manera es honroso para los dos. El dubitativo es siempre cobarde. A.Z.

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